dom. Oct 20th, 2019

Quien Soy

Tengo 42 años y he sufrido un infarto. Este es a grandes rasgos el titular que me identifica como superviviente de uno de esos sucesos trascendentes que el destino te tiene guardado.

Lejos de lo que uno pueda pensar, este acontecimiento puede marcar de una forma positiva tu destino. Es evidente que el mal trago no te lo va a quitar nadie pero no es el fin del mundo (De esto hablaré en la entrada mieditos y sustitos).

Aceptar, conocer, compartir y combatir son, bajo mi punto de vista, los cuatro pilares de la recuperación.

Después de sufrir el infarto me surgieron muchas dudas, seguramente sabes de lo que hablo. Y, ¿que es lo primero que haces después de un susto de estas características, a parte de escuchar a tus médicos con una atención inusitada?. Efectivamente. Buscar en Internet y tratar de resolverlas.

¿Por qué a mi? ¿Sobreviviré? ¿Me volverá a pasar? ¿En que condiciones he quedado? ¿Y ahora qué?. Un sin fín de preguntas que rebasan en ocasiones el ámbito médico y versan sobre temores,  confusión o justicia divina. En mi búsqueda he podido encontrar algunas respuestas médicas que compartiré gustosamente con vosotros, recordando que los estudios médicos están en una constante actualización y que lo que hoy parece claro, mañana no lo está tanto. En este aspecto poco puedo aportar salvo los propios estudios médicos que consiga filtrar y mi opinión si es que procede.

Lo que si puedo aportar sin embargo, es contarte en primera persona como lo he vivido yo. No niego que busqué experiencias ajenas en este sentido y que la ausencia de foros relevantes en los que la gente compartiera libremente su experiencia me generó cierto desasosiego. De ahí mi iniciativa.

En mayor o menor medida el «incidente» te ocasiona una apertura de miras y rompe con todo aquello que dabas por sentado, creando en ti una montaña rusa de emociones que voy a tratar de exponer desde mi propia experiencia, a sabiendas de que cada uno afronta de manera distinta un suceso y que cada suceso entraña particularidades propias del momento en que sucede.

Este diario de un infarto no trata de evaluar si tu respuesta al incidente es exagerada o por el contrario deberías tomarte más en serio el aviso. Tampoco pretende juzgar lo que cada uno afronta desde su propia intimidad. Simplemente desde mi cubículo  voy a relatar mis vivencias y compartirlas contigo.

Vale, pero ¿quien soy yo?. Eso me pregunto desde que sufrí el Infarto. Esta claro que aunque soy la misma persona, algo dentro de mi ha cambiado. ¿En que he cambiado?. ¿Que queda de mí, respecto a lo que era hasta este momento?. La respuesta está dentro de cada uno. Como digo, sigues siendo la misma persona pero en algunos aspectos de tu vida y aunque parezca dramático solo quedan algunos posos. Y es que, queramos o no, esta experiencia nos cambia. La buena noticia es que nos cambia a mejor.

Como digo tengo 42 años recien cumplidos, y en mi haber, como casi todo el mundo, algunas cicatrices que el tiempo no ha conseguido borrar.

En mayo de 2017 pude añadir una cicatriz más a mi lista. Al fin y al cabo eso es lo que produce literalmente un infarto. Una cicatriz imborrable en tu corazón.

Pese a mi juventud tengo la suerte de haberlo contado, pues las estadísticas de mortalidad a este respecto son desoladoras.

No va en mi actitud resaltar lo negativo y realmente pienso que mi supervivencia me ha hecho crecer como persona. Respecto a lo sucedido me quedo esencialmente con lo bueno. Pero no puedo y no quiero olvidar lo sucedido, pese al dolor o inquietud que pueda provocarme su recuerdo.

Soy consciente de que he vuelto a nacer y que puedo gozar, por el momento, de una vida normal y plena, con la ventaja de haber visto la vulnerabilidad que nos acompaña en nuestro camino y actuar en consecuencia. Esto es importante, porque todos formamos parte de un ciclo de vida azaroso y nadie está exento de ese azár. Por tanto, nada nos distingue de los demás salvo aprovechar esta situación o desperdiciarla.

De alguna forma siempre he sido consciente de esta fragilidad, en la que cualquier momento puede ser el último, aunque reconozco que lo he percibido siempre desde la última fila de butacas. Mi intención desde hace bastantes años ha sido vivir el presente y focalizar la atención en el aqui y el ahora, aunque no he podido, por mucho, conseguir mis objetivos. Por momentos me sentía tan fuerte que nada me podia tocar, y en uno de esos momentos, me tocó.

Ahí estaba yo, cuestionandome todo y tratando de salir de esa pesadilla, en ese «aqui y ahora» que tanto anhelaba y del que «ahora» solo quería escapar. Así puedo definir ese momento. De intensa presencia. Eres intensamente consciente de que tu vida está en peligro y de que probablemente no volverás a ver a tu familia, ¡esto es duro!.

Por momentos niegas la situación, pero en esta ocasión no puedes escapar de la realidad. El concepto de tu propia existencia se disipa entre la implacable sensación de caer al vacío, hasta que tu propio cuerpo actua de forma autónoma, elimina tu dialogo interno y actúa,  intentando sobrevivir y perseverar en el tiempo. Ese momento de intensa presencia, presencia práctica, sin ruido de fondo, de aceptación del momento, es el que puede salvarte la vida. En mi caso fué así, pero cada cardiopatía tiene su propio plan. Alguno muy retorcido.

Que esté aquí escribiendo es más fruto del azár que de una actuación acertada o heróica por mi parte pues la situación en la que te encuentres cuando «te atacan al corazón» define en gran medida tu destino. Bien pude ir el día anterior al hospital tras sentir un fuerte dolor en el pecho, pero no lo hice, fallé, al día siguiente sin embargo acerté al desviarme hacia el hospital. Si te sientes mal, escucha a tu cuerpo, olvidaté de tu «película de vida» y sus complicaciones y llama a emergencias. No hay nada mas importante que tú.

Estoy aquí porque necesito dejar testimonio y compartir contigo mi experiencia, y que si lo consideras me hagas partícipe de la tuya. Porque no se si es terapeutico o no que cuentes tu propia historia, pero a buen seguro podrá ayudar a otros. Piensa que pese a los fantasmas y sombras que nos acechen por momentos, podemos llevar una vida practiacamente normal o incluso mejor que la que llevabamos hasta ahora. Como digo yo a los míos: Somos la versión 2.0 de nosotros mismos. La versión mejorada.

Incidir en que aunque transmitiré consejos médicos recibidos en este periodo, este diario no trata de convertirse en una guía médica ni de tratamiento de la enfermedad, para eso ya tenemos una comunidad médica excelente que nos va a guiar y ayudar en nuestra dolencia. Solo se pretende compartir inquietudes y pensamientos, que por supuesto puedes compartir o no con tu propia experiencia.

Para ello empezaré por contar mi propio incidente, porque es la base de todo lo que viene detrás y porque explica de algún modo el porqué me encuentro aquí compartiendo lo que hasta ahora formaba parte de mi intimidad.

Gracias Vanessa por tu comprensión y amor. Daniel y Gabriella por brillar e iluminar mi vida. Familia y amigos por estar a mi lado. Y gracias Mamá por guiarme desde ahí arriba.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *