dom. Oct 20th, 2019

Te invito a un Infarto. Factores de Riesgo

Tanto si has pasado por la rehabilitación cardiaca (reitero: ¡nunca es tarde!) como si no, a buen seguro este concepto de «Factores de Riesgo» al menos te suena. Y, ¿que quiere decir esto de Factores de Riesgo?. Pues como su propio nombre indica se trata de condicionantes que determinan la obtención de un resultado, en este caso, el riesgo de padecer un infarto.

Estos factores pueden dividirse en dos grandes bloques:

  • Factores NO Modificables. Estos factores responden a la lotería genética y constituyen el «legado genético» que te ha tocado por suerte o desdicha, la edad y el sexo. Si bien los últimos estudios indican que este factor genético en si mismo puede ser modificado por la propia «conducta durante su vida» de nuestros predecesores, aún en dicho caso, es una suerte de mutaciones en forma de juego de azar. Dicho esto, no debemos culpar a nuestros progenitores por muchas ganas que nos entren en ocasiones… ;-). Yo en tal caso recomiendo, eso si, una compensación en forma de invitación a una buena comida(cardiosaludable por supuesto ;-)). Conviene saber no obstante, si algún familiar tiene antecedentes de problemas cardiovasculares. Solo por si acaso. Por poner un ejemplo ejemplo, yo me enteré a posterior de mi susto que mi padre llevaba tomando pastillas para el colesterol muuuuchos años. En cualquier caso pienso incluso que estos factores no son del todo determinantes salvo casos especiales de los que hablaremos más adelante.
  • Factores Modificables. He aquí el quid de la cuestión. Este es el punto en el que debemos centrar nuestro objetivo a fin de vivir una vida más completa y saludable. ¡Ojo! ¡Sin obsesionarnos!, pero siendo conocedores de ello. Hay que tener en cuenta que a nosotros nos han quitado de mala manera la venda que impide ver estos factores de riesgo…pero para otros, esa venda ni existe (pobres inconscientes…), o no queremos verla, y me incluyo en este apartado porque aún ahora a veces me cuesta ver que la llevo puesta. ¡Es así!. Al menos nosotros sabemos que esa venda existe lo cual ya es una ventaja importante…

En cuanto a los factores NO modificables poco se puede hacer con ellos hasta que exista algún tipo de terapia génica (no tardando mucho). Por ello me voy a centrar en los que si se puede hacer algo y que para mi constituyen las «malas prácticas del infartado». Y para hacer esto un poco mas entretenido, porque casi todos sabemos lo mal que nos hemos portado y los sermones que nos hemos dado a nosotros mismos lo voy a hacer de una manera muy didactica utilizando el título de un compañero de rehabilitación cardiaca que me resultó muy ocurrente. Acompañame por favor en este viaje porque…. te invito a un infarto.

Lea atentamente…

«7:30 de la mañana, maldito ¡pipipipipi!. Apago el despertador y en lugar de levantarme tranquilamente le doy al boton de postponer y espero a que vuelva a sonar 8 minutos mas tarde, ¡esto es vida! ¡es el mejor momento del día! al menos eso es lo que pienso en ese instante… alguno me esta llamando masoca, lo sé…

Finalmente y no sin esfuerzo me levanto tras breves periodos de duerme vela. Acabo de levantarme y ya voy con la hora pegada al culo, este momento suele venir acompañado de un -¡Joder, ya llego tarde!.

Lo mas normal es que no sea así. Me refiero a que no suelo llegar tarde. ¿Sabes por qué? por que si todos los dias llegara tarde probablemente no me pasaría esto, es precisamente que llegue apurado pero a tiempo el motivo que me hace repetir esta rutina una y otra vez. Tengo tan calibrada mi capacidad de apretar el culo y retorcer el espacio-tiempo que normalmente mi nerviosismo inicial acaba con mi entrada relativamente triunfal a 3 milisegundos de que me despidan del trabajo. Asi soy yo.

Yo que soy padre, y de los buenos, buenos, apenas transmito ese nerviosismo a mis hijos cuando les grito como el sargento de hierro: -¡levantaté!, ¡visteté!, ¡abrochate la leche…, digo el abrigo!, ¡tomate el abrigo…, digo la leche!-.

¡Menos mal que ellos son inmunes oiga! o sordos, pero yo me chupo una dosis de Cortisol que me deja doblado.

Lo mas importante y a la vez mas mezquino es que al final estás metiendo y promoviendo unas prisas a unos pequeños y vulnerables seres que no tienen la culpa de que tu seas un puñetero jedi de la productividad con capacidad de desdoblar el universo. Bastaría con que te levantaras 20 minutos antes para hacer las cosas con criterio. Si, esa promesa nos la hacemos todos.

Lo de «No dejes para mañana lo que puedas hacer hoy» siempre he pensado que fue un error de transcripción y que en realidad lo que querían decir es: «No dejes para mañana lo que puedas hacer pasado mañana». Y así me va. Cuando te piden cuentas o te preguntan como va aquel informe o aquella presentación vuelves a apretar el culo. A este ritmo podría partir nueces con los gluteos en un par de meses.

A lo que iba, tu día parece que va sobre ruedas, apenas podría mejorar con unos ajustes de reloj. Y en ese preciso instante te planteas con mucho criterio:

– Necesito ayuda para gestionar mi tiempo. Debo dar con una solución proactiva que convenientemente planificada estructure mi tiempo de una manera óptima y me ayude a consolidar un bienestar que ya puedo atisbar en mi horizonte cercano. ¿Y que es lo que haces?. ¿Buscar consejo en un gabinete psicológico? ¿te haces un master en gestión del tiempo por la universidad Rey Juan Carlos I?. ¿Coges al toro por los cuernos y te enfrentas a tus debilidades?. Pues no, te vas al estanco mas cercano y te compras un paquete de tabaco. Da igual que no hayas fumado en tu vida ni que al día siguiente tengas que correr una maratón. Acuerdate que te estoy invitando a un infarto y no es un camino de rosas.»

Llegas al curro sin desayunar, claro, no te has levantado a tiempo para ello y ahora que llegas tarde te parece obsceno salir a desayunar por lo que decides sentarte en la oficina y quizás atiborrarte a snacks de la máquina del office, porque ¿quien ha visto una puñetera mandarina o platano en las máquinas de vending…. Yo no, y dudo que tu lo hayas visto, y si la has visto has sucumbido miserablemente a cogerte ese bizcoco de chocolate relleno de nata. Algunos los llamarán tanzanitos, otros, tigretones, yo los llamo injusticia divina.

No pasa nada, te tomas ese bizcocho rico en azucar y grasas trans y continuas tu mañana a toda castaña. Hora de comer: tres platos con bebida (preferiblemente gaseosa), postre (segundo bollo del dia) y café (antioxidante menos mal) pero con 3 cucharadas de azucar. Ahí está crack!. Intentando asegurarte una diabetes de libro.

Despues de estar todo el día sentado, probablemente mirando una pantalla, hablando por telefono y realizando multitareas, decides que te mereces un descanso. Y que haces? venga, dime…

Yo no se lo que vas a hacer pero si se lo que no vas a hacer. No te vas a jugar al padel, ni te vas a ayudar a plantar arboles a la casa de campo con una ONG. Te vas con Jose y Alberto a un afterwork.

Ahi cae un pacharán para la digestión y dos cervezas de la mayor graduación posible con una tapita de patatas fritas… que duro y complicado está resultando generar un infarto. Pero ya estamos casi listos.

Al final se te hace tarde, llegas malhumorado y mareado a casa, mal cenas y te acuestas apagando el ultimo cigarrillo del paquete. ¿Que sucede si esto que no está taaaaaan mal para un día se repite asiduamente?. ¡Equilecuá!. Un día durante algún momento de esta travesia o incluso en el momento mas relajado que te puedas encontrar de repente sientes que un elefante africano se ha sentado en tu esternón. Aqui lo tienes. Lo conseguiste. Ahí tienes tu infarto.

Continuará… o no….


Todo esto, que puede parecer exagerado, forma parte en algún momento de la vida de cada un@ de nosotros. Todos y todas tenemos estres en algún momento, todos y todas vamos con prisas a varios sitios al día. Unos fuman o beben, otros toman azucar o grasas como si no hubiera un mañana. Pero todos, y aqui estoy convencido, todos podemos controlar ciertas facetas de estos factores. Si no erradicar del todo, si al menos controlarlas. Y de eso estoy seguro que hemos aprendido a la fuerza. Aún así el no tener este tipo de vida no te asegura para nada que no sufras un infarto, ni tampoco el llevarla que lo tengas. Esto como digo, simplemente es comprar más boletos.

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