sáb. Ago 17th, 2019

La soledad de la UCI. Alivio inesperado

Soledad de la UCI

Una vez que te han intervenido en la sala de hemodinámica y te trasladan a la Unidad de Cuidados Intensivos es probable que te encuentres bastante mejor de la propia dolencia y el miedo comienza a dar paso a otras emociones que te abordan indiscriminadamente.

Emociones que en su mayor parte vas a interiorizar y grabar a fuego en tu memoria. Esta ristra de emociones te van a acompañar probablemente en los primeros meses con mayor o menor intensidad. En mi caso, con pensar un poco puedo identificar hasta 5 emociones que me llegaron a abordar en el breve pero intenso periodo en la UCI. En mi caso 3 días. Sin ningún tipo de orden: «Miedito», Tranquilidad, Euforia, Rendición y Frio, muuuuucho Frio, 😉.

No se si compartirías estas mismas emociones, el caso es que comienza lo que yo defino como la montaña rusa, que tiene su punto algido cuando vuelves a casa, aunque eso es otro apartado que merece una entrada a parte.

El «miedito» lo sigues teniendo metido en el cuerpo aunque ese afán de subsistir pierde fuelle a medida que vas recuperando tu «pelicula de vida», supongo que por propia autodefensa de tu cuerpo/mente va dejando hueco a una maraña de sentimientos.

La tranquilidad viene inducida de forma implacable, no en vano la UCI debe ser la sala más silenciosa de un hospital, es algo inquietante porque no deja de ser un lugar en el que se presupone dificil la calma y tranquilidad interna. Supongo que el encontrarte permanentemente vigilado aporta un grado más en este sentido. Recuerdo en este periodo pequeños momentos de quietud, de abandono de tu incesante dialogo interno, pudiendo pasar varias horas mirando un punto fijo del techo de la habitación. En cierto modo era un descanso que necesitaba.

La euforia es algo que me abordaba en algunos momentos y que se potenció cuando me trasladaron a planta. Era una sensación de necesidad de vivir, de compartir, de querer, de aprovechar el tiempo, algo que todavía mantengo de forma atenuada, como un de ruido de fondo. Por momentos vuelve con cierta intensidad y es recomendable vivirlo intensamente pero subirse a la ola con precaución.

La rendición es para mi quizá el mejor regalo que te aporta esta experiencia. No hablo de una rendición hacia unos objetivos que ves lejanos y decides plantarte, hablo de una rendición positiva, una rendición que deja atrás el lastre que te hace luchar contra lo que realmente es, en este caso la rendición es aceptación. Me explico, vamos a suponer que estás en un atasco, mientras estás dentro de este atasco, tienes dos opciones, una es enfurecerte, pensar que estas perdiendo el tiempo, agobiarte porque no llegas a tiempo, comenzar a tocar el claxon y malhumorarte o por el contrario, puedes aceptar que vas a pasar un tiempo bloqueado en el atasco y dedicar tu atención a escuchar música. Estaremos deacuerdo en que en ninguno de los dos casos la situación del atasco va a mejorar, sin embargo la segunda opción  va a mejorar ostensiblemente la calidad del momento. Pues bien, desde el incidente, aunque no siempre es así, puedo acceder más facilmente a esa posibilidad. Creo que es fundamental incorporar este hábito en nuestro día a día sin frustrarse si no lo conseguimos pues entraña su dificultad. Esto lo comentaré mas extensamente en la entrada de «Cortisol, el enemigo en casa».

Sobre el frio que hace o pueda hacer en esta sala no voy a hacer más comentario, algo de terapeutico debe tener, o ¡al menos te mantiene alerta!.

Por terminar, quiero agradecer los cuidados recibidos en el hospital en el que fuí ingresado, a ellos les fué encomendada mi vida y resolvieron la situación con profesionalidad.

 

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